Historia
Inicios del proyecto
El Teatro Nacional de Santo Domingo, como fue llamado en un principio, fue construido luego de una extensa y ardua labor de investigación en los principales teatros del mundo, en la que se recabaron técnicas, criterios y conceptos necesarios para determinar las características que debía tener el de la República Dominicana. Al final de los años sesenta, la edificación de un teatro que reuniera las cualidades máximas para el despliegue de las manifestaciones artísticas más exigentes era una aspiración antigua entre los dominicanos. Un teatro así daría cabida al arte mundial y, al mismo tiempo, pondría en manos de los artistas nacionales un exigente instrumento que estimularía la creatividad y la voluntad de que han dado prueba siempre. En 1970, el entonces presidente de la República, Joaquín Balaguer, designó la tarea de construcción del teatro al arquitecto Teófilo Carbonell, quien antes de trazar las líneas que darían vida a nuestro teatro observó y estudió los mejores teatros del mundo. Recorrió Europa y América, observando las diferentes concepciones y criterios a la hora de planear y construir este tipo de edificación, tuvimos como referencia los teatros de Colombia, Nicaragua, Costa Rica y Guatemala. También la ilustre tradición europea, que se fue haciendo tangible en los teatros de España, Suecia, Dinamarca, Suiza, Alemania, Holanda y Austria y por último, las mejores salas de Estados Unidos completaron las expectativas del arquitecto quisqueyano.
Ese recorrido preparatorio ha despertado la curiosidad por saber qué se tomó de cada teatro visto, y las especulaciones en torno a la oriundez de las soluciones empleadas en el Teatro Nacional han florecido con toda libertad. Si unos dicen que la sala del teatro dominicano fue tomada del Auditórium de Palma de Mallorca, España, otros afirman con toda propiedad que el escenario es igual al del Lincoln Center, Estados Unidos, y no faltan los que debaten acaloradamente si la acústica lograda en tierras caribeñas proviene del colombiano Manizales o del muy tecnificado teatro de Ginebra, en Suiza.
Todo teatro hereda infinidad de rasgos probados por la tradición. El arquitecto Carbonell organizó su viaje a partir de una inteligente fórmula de trabajo: observar en cada teatro visitado aquellas cosas que no habían sido resueltas con eficacia y, sobre todo, hablar con los técnicos que trabajaban directamente vinculados al escenario, pues son ellos quienes conocen a la perfección cuál solución empleada resulta efectiva y cuál no. Carbonell concibió el diseño de un teatro que, de acuerdo con el presupuesto disponible, encarnara en sus dimensiones, maneras y elementos las mejores y más avanzadas técnicas mundiales para la construcción de ese tipo de instalación, una irrenunciable y auténtica dominicanidad y, precisamente por todo ello, constituyera una obra funcional, perdurable y bella.
Así, se materializó nuestro teatro en una arquitectura monumental, con fuertes reminiscencias clásicas, que expresa una imagen sólida, imponente, al tiempo que abierta y asequible, como ha de ser el abrazo del arte. La construcción, que duró aproximadamente tres años, fue muy difícil por la complejidad de la obra, y se hizo con el empleo de materiales dominicanos, donde predomina el mármol, la caoba, el yeso y el ónix. Cada paso de su ejecución estuvo dirigido por el arquitecto Carbonell, quien contó con la colaboración de los ingenieros estructurales William Read y Juan Manuel Bonetti.
El Teatro Nacional fue inaugurado el 16 de agosto de 1973 con la presencia de distintas personalidades de la época tanto nacionales como internacionales. Ese día iniciaba el llamado Festival de Inauguración con un programa que incluía teatro, ópera y ballet, entre otros géneros artísticos.
El Teatro Nacional fue bautizado con el nombre de Eduardo Brito en el año 2006, bajo decreto presidencial, para honrar la memoria del emblemático barítono dominicano.




Semblanza: Eduardo Brito
Eleuterio Brito Aragonés fue un destacado cantante dominicano de ópera y zarzuela, considerado el cantante nacional de la República Dominicana.
Nació el 21 de enero de 1906 en la sección Blanco de Luperón, provincia Puerto Plata. Fue hijo de Gloria Aragonés y Julián Brito. El 03 de noviembre de 1924 contrajo matrimonio con la vedette Rosa Elena Bobadilla, con quien tuvo dos hijos.
Durante la década de 1930, Eduardo Brito se presentó en todos los países del Gran Caribe Hispano y realizó en Nueva York históricas grabaciones como La Mulatona y Lucía, esta última con letra de Joaquín Balaguer.
En 1932, el compositor cubano Eliseo Grenet, director de una compañía de zarzuelas, quedó impresionado por el talento del joven barítono y lo contrató para integrar su elenco en una gira por Europa. En este período también registró su voz en acetatos, entre ellos la zarzuela Los Gavilanes, compuesta por Jacinto Guerrero. El éxito alcanzado le permitió crear su propia compañía artística.
Hasta 1944, su carrera fue notable en Nueva York y en países de Europa. Asimismo, realizó frecuentes giras por el Caribe, Centro y Suramérica, visitando Puerto Rico, Cuba, Panamá, Colombia y Venezuela.
La vida transcurrió con rapidez para el artista. Sus dones naturales le permitieron superar las barreras sociales y la limitada formación académica que había recibido. Su capacidad autodidacta y su notable imaginación le procuraron gran reconocimiento y fortuna sobre los escenarios.
Lamentablemente, en los últimos años de su vida padeció una afección cerebral que le causó delirios y otros trastornos nerviosos. Como consecuencia, entre 1942 y 1943 recibió múltiples tratamientos médicos. En la madrugada del 5 de enero de 1946, el singular barítono falleció en el manicomio de Nigua.
Tomado del libro "Remozamiento del Teatro Nacional Eduardo Brito. Memoria Gráfica".








